04.10.10

La ley sapo de Julio Borges

por Larry Correo electrónico  583 palabras

Con frecuencia me critican porque afirmo que la oposición venezolana también es socialista, que comparte las mismas raíces ideológicas del chavecismo más recalcitrante y que, por tanto, no hay mucha diferencia entre lo que ofrecen quienes gobiernan desde hace 11 años y lo que ofrecen quienes pretenden gobernar algún día.

¿Recuerda la infame ley sapo que Hugo Chávez trató de imponer hace un año y que pretendía convertir en delator de profesión a cada ciudadano? La horrenda ley de inteligencia y contrainteligencia fue derrotada por el grito unísono de la opinión pública, obligando a Chávez a derogarla antes de poder implementarla y a tratar de introducir de contrabando sus disposiciones a cuenta gotas en otras leyes menos llamativas. Pero no se preocupe, si la oposición, que a partir de enero contará con un tercio de los diputados de la Asamblea Nacional, logra imponer su agenda, pronto veremos revivir la ley sapo, promovida esta vez por gente como el inefable Julio Borges.

Esta vez, la ley sapo se llama ley de desarme y según Borges facilitará la conversión en sapos de los familiares, particularmente las mujeres, de aquellas personas que posean armas de fuego:

Para garantizar la entrega de armas Primero Justicia propone sustentarla en los familiares cercanos a los portadores, especialmente las mujeres, quienes son las que mayormente sufren al perder a sus parejas, hijos o padres a manos de la violencia.

Resulta imperativo que existan mecanismos para que madres, hijas, hermanas, abuelas, tías y novias puedan entregar armas en manos de familiares cercanos y hacerlo de forma confidencial, confiable y que además tengan como incentivo, a cambio, la entrega de becas de estudio o de trabajo para sus familiares, puntualizó.

De igual forma, disponer de mecanismos de denuncia gratuitos y confidenciales que permitan iniciar investigaciones en cuanto a comercializadores de armas y la tenencia ilegal en las comunidades.

La idea de una "ley de desarme" en Venezuela es absurda, por la sencilla razón que los ciudadanos obedientes de la leyes ya están desarmados. En Venezuela es ilegal el porte de armas a menos que la persona pueda obtener un permiso de la Dirección de Armas y Explosivos del Ministerio de la Defensa. De manera que la gente que probablemente obedecería una nueva "ley de desarme" ya está desarmada.

La gente que está armada son los criminales, por un lado los uniformados (policías, soldados y "milicianos") y por el otro lado los criminales privados, es decir, malandros y otras malas mañas que abundan en el país desde hace décadas. Los primeros no serán desarmados por la ley de desarme y los segundos tampoco, porque por definición los malandros no obedecen leyes y para desarmarlos no hace falta sino aplicar las leyes que ya existen y son bien estrictas.

Pero aparte de lo absurdo que sería pasar una nueva "ley de desarme", más absurda es la idea del sr. Borges de convertir en delatoras anónimas y a sueldo ("sapos") a las mujeres de la casa, incluida según el nuevo diputado, la propia abuela.

La idea de Borges demuestra lo vacía que es la propuesta "alternativa" de la oposición, que al ser estatista hasta los tuétanos, no puede imaginarse una solución al problema de la criminalidad que no pase por más intervención estatal, un estado que, por cierto, es incapaz de controlar el acceso de armas a las propias cárceles, un ambiente que debería ser la quintaesencia de una población bajo control absoluto del estado y donde se supone no deberían existir armas de ningún tipo.

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