22.10.10

Gran Bretaña sigue ejemplo cubano

por Larry Correo electrónico  457 palabras

Normalmente las comparaciones con Cuba son negativas, porque casi cualquier cosa que un gobierno comunista esté haciendo seguro que es una calamidad. Así que nunca me imaginé que escribiría las palabras del título de esta nota en tono positivo. Pero en efecto, Gran Bretaña, bajo la guía del primer ministro conservador, David Cameron, ha anunciado que va a seguir el ejemplo cubano y el gobierno va a recortar el número de parásitos alimentándose del erario público en unos quinientos mil, que es precisamente la suma de parásitos que el gobierno comunista de Cuba decidió que no puede alimentar más directamente.

Es interesante que dos países tan disímiles como el Reino Unido y Cuba tengan que recurrir a medidas similares para recomponer sus economías. Pero no debería sorprendernos. Ambos sistemas económicos están basados en la misma idea, aunque en grados diferentes. La idea es el estatismo y obviamente Cuba está mucho más avanzada que la Gran Bretaña en el proceso de metástasis estatal.

La crisis económica global tiene su lado positivo: ha puesto en marcha una aceleración de la decadencia económica de todas los sistemas estatistas. El problema básico del estatismo es el mismo problema que enfrenta un parásito común y corriente: a medida que el parásito se alimenta y crece, el huésped se debilita, hasta que llega un momento en que ambos, el huésped y el parásito no se pueden sostener más y mueren.

El estado es el parásito y la economía privada es el huésped. Tanto en Gran Bretaña, como en Cuba, el huésped no aguanta más y a menos que la población de parásitos disminuya, ambas enfrentan la muerte segura.

Por ahora, los Estados Unidos han evitado tomar medidas drásticas de recorte del gasto público. Y lo mismo se puede decir de Venezuela, donde los parásitos pululan en cada esquina. En el caso estadounidense su ventaja es que poseen la moneda de reserva mundial, el dólar. El gobierno cree que puede endeudarse sin límites, pues cuando los acreedores quieran cobrar las deudas, el banco central puede imprimir el dinero para pagar. Las consecuencias de esa política serán catastróficas, desde luego, pues ese es el camino de la inflación y la devaluación de la moneda. Pero mientras tanto, los políticos pueden relajarse y postergar el día del juicio.

En el caso de Venezuela, el petróleo todavía le permite al gobierno aumentar las filas de los mantenidos.

Pero en ambos casos, la misma máxima aplica: no hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista.

Gran Bretaña no tiene ninguno de los dos lujos y por eso está obligada por la realidad económica a ajustarse los pantalones más temprano que tarde y a reaprender aquello de que hay que arroparse hasta donde alcance la cobija.

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