04.06.08

Múnich, 1938

por Larry Nieves Correo electrónico  973 palabras

Artículo original de Patrick J. Buchanan (también disponible en el sitio personal del autor). Traducido por Larry Nieves.

Cuando el presidente Bush usó ante el Knesset la palabra "contemporización" para referirse a aquellos que negociarían con el presidente iraní, Mahmoud Ahmadinejad, estaba invocando la analogía más poderosa en cualquier debate sobre la guerra y la paz.

Ningún hombre quiere que le llamen "contemporizador".

Pero como este escritor ha descubierto desde que mi libro "Churchill, Hitler y la guerra innecesaria" fue lanzado durante el Día de los caídos, hay un profundo pozo de ignorancia sobre lo que sucedió aquel septiembre, hace 70 años.

¿Por qué fue Neville Chamberlain a Múnich? ¿Cómo condujo Múnich a la Segunda Guerra Mundial?

Las semillas de la crisis fueron sembradas en la conferencia de paz de París en 1919. Allí los victoriosos aliados forjaron la nueva nación de Checoslovaquia de parte del Imperio Austro-Húngaro.

Pero en vez de seguir su principio de auto-determinación, los aliados colocaron bajo la tutela de 7 millones de checos a 3 millones de alemanes, 3 millones de eslovacos, 800 mil húngaros, 150 mil polacos y 500 mil rutenos. Estas estúpidas decisiones contradecían los 14 puntos del presidente Wilson, bajo los cuales los alemanes, austriacos y húngaros habían rendido sus armas.

Para 1938 Alemania había resurgido, se había rearmado, había anexado a Austria al Reich y estaba demandando que se le otorgara el derecho de auto-determinación a los 3 millones de alemanes en Checoslovaquia, quienes clamaban ser liberados de Praga y poder reunirse con sus hermanos alemanes.

Gran Bretaña no tenía ninguna alianza, ni obligación de luchar por los checos, pero Francia si tenía dicha obligación. Gran Bretaña temía que si Hitler usaba la fuerza para colocar a los alemanes sudetes de nuevo bajo gobierno alemán, los franceses entrarían a la guerra. Y si Francia declaraba la guerra, Gran Bretaña sería arrastrada a ella y se produciría un segundo baño de sangre, tal como en 1914.

Chamberlain fue a Múnich porque él no creía que mantener a 3 millones de alemanes dentro de un país al que habían sido confinados en contra de su voluntad era razón suficiente para una guerra mundial.

Además, Gran Bretaña no estaba preparada para la guerra. No tenía recluta, ni Spitfires, ni divisiones alistadas para ser enviadas a Francia. ¿Por qué debería suicidarse el Imperio Británico declarándole la guerra a Alemania, para apoyar un acuerdo de París que él, Chamberlain, creía que había sido impuesto injusta y deshonrosamente a la derrotada Alemania?

Chamberlain no creía y, después de tres viajes a Alemania ese septiembre, efectuó la transferencia de los alemanes sudetes al gobierno de Berlín, que era donde ellos preferían estar. Chamberlain regresó a casa triunfante para ser aclamado como el más grande pacificador de todos los tiempos.

¿Por qué entonces son "Múnich" y "Contemporización" términos de calumnia?

La respuesta yace en lo que sucedió después.

Chamberlain regresó de Múnich a una recepción muy entusiasta, ondeando un papel que él y Hitler habían firmado, y declaró: Por segunda vez en 60 años un Primer Ministro británico ha regresado de Alemania con paz con honor. Yo creo que es paz para nuestra era.

Esto era un sinsentido palpable. Hitler ya se había tornado al próximo elemento en su menú: Danzig, una ciudad de 350.000 alemanes, separada del Reich en Versalles y constituida como Ciudad Libre para darle a Polonia una salida al Mar Báltico. Hitler no quería guerra con Polonia. De hecho él quería tener con Polonia el tipo de alianza que tenía con la Italia de Mussolini. Pero primero que nada, el problema de Danzig debía ser resuelto.

Aquí el gobierno británico también estaba de acuerdo: Danzig debía ser retornada. Pues de todas las amputaciones de tierras y gentes alemanas realizadas en Versalles, los estadistas europeos —incluso Winston Churchill— consideraban a Danzig y el Corredor Polaco, que dividía a Alemania en dos, como la más escandalosa. El problema era los polacos que se rehusaban a discutir sobre Danzig.

Repentinamente, en marzo, Checoslovaquia comenzó a desintegrarse. Los Sudetes habían sido anexados por Alemania, Hungría había recuperados sus tierras perdidas y Polonia había anexado la disputada región de Teschen. Eslovaquia y Rutenia se movían ahora hacia declaraciones de independencia y Praga comenzó a marchar sobre las provincias.

Hitler intervino para garantizar la independencia de Eslovaquia y le dio a Hungría luz verde para reanexar Rutenia. El presidente checo, Emil Hácha pidió ver a Hitler, quien lo amenazó durante tres horas hasta hacerlo firmar la renuncia a la soberaníaa checa convirtiendo a su país en el Protectorado Alemán de Bohemia y Moravia.

Chamberlain, ahora humillado, víctima de las burlas de los parlamentarios conservadores y en pánico por los falsos rumores de ataques alemanes sobre Rumania y Polonia, cometió el peor error en la historia británica. Sin haber sido solicitada, Chamberlain emitió una garantía de guerra a Polonia, habilitando a la dictadura de coroneles polacos —que se había unido a Hitler para desmembrar a Checoslovaquia— para arrastrar al Imperio Británico a una guerra con Alemania por una ciudad, Danzig, que los británicos pensaban que debía ser retornada a los alemanes.

No fue Múnich. Fue la garantía de guerra que aseguró la guerra que destruyó al Imperio y nos dio el Holocausto, 50 millones de muertes y la estalinización de media Europa.

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