Esta mañana estuve conversando sobre las causas del conflicto político venezolano y se me ocurrió una idea, surgida de observar las noticas estadounidenses y darme cuenta de que el televidente promedio en la tierra del Tio Sam es engañado continuamente por las cadenas televisivas respecto a cuales son sus verdaderas opciones políticas. Si es que CNN puede ser tomado como referencia.
En los EE.UU existe la FCC (Federal Communications Commission). En Venezuela existe Conatel (Comisión Nacional de Telecomunicaciones). En ambos casos la idea es regular el acceso de los medios de comunicación al espectro radioeléctrico, es decir, la comisión decide quién puede y qué puede transmitir en el país correspondiente. En el caso estadounidense las regulaciones y trabas que se le imponen a cualquiera que quiera entrar en el negocio de la comunicación a competir con las grandes corporaciones son exhorbitantes, tanto que las únicas que pueden sobreponerse a ellas son precisamente las grandes corporaciones. De esta manera los canales de televisión o emisoras radiales están efectivamente blindados contra cualquier competencia efectiva. En pago por el favor, los medios de comunicación se convierten en medios de propaganda del estado y se encuentran al servicio de la élite gobernante (léase republicanos y demócratas), difundiendo sólo la información con la que el estado se sienta contento y bloquean el acceso a las noticias de los partidos políticos más pequeños, blindando efectivamente a la élite de la indeseable competencia política.
El caso venezolano era similar, hasta que entró Chávez en la escena. Por supuesto que no pienso que Chávez quería o quiera desmontar el oligopolio de los medios de comunicación, establecido y consolidado durante los 40 años de convivencia adeco/copeyana en el poder. En mi opinión, Chávez detesta tanto la competencia de ideas, como sus homólogos estadounidenses. La diferencia estriba en que el proyecto de Chávez es mucho más radical, en el sentido que pretende socializar la economía del país a un paso muchísmo más acelerado de lo que se atreven a hacer los gobernantes del norte.
Para aclarar, los Estados Unidos es gobernado por una élite política enroscada con las grandes corporaciones. En Venezuela Chávez pretendió hacer lo mismo, pero prescindiendo del poder de las corporaciones, a las que pensó podría subyugar y quizás nacionalizar en el término de 6 años. Desde luego que Cisneros y compañía no se la iban a dejar tan fácil y le han hecho frente decididamente en una batalla por mantener el control del estado repartidor de petróleo.
Así que por un lado tenemos a un ex-golpista con discursos pseudo-socialistas que no me quiere dar más libertad, sino que quiere más poder. Por el otro lado tenemos a las corporaciones luchando por mantener los privilegios que el estado saudita les otorgó en épocas más prósperas. Ninguno de los dos discursos me los trago, ni el del "redentor del pueblo", ni el de los "luchadores por la democracia".
Así que bueno, esa es mi teoría escueta sobre lo que pasa en Venezuela. En cualquier caso, el 15 de agosto si es que puedo votar, lo haré por revocarle el mandato al comandante, aunque a veces pienso que sería bueno que Chávez gane y el país se siga deslizando en su camino hacia el socialismo. Así tal vez aprenderíamos por experiencia propia lo que otros ya pasaron por allá en Europa Oriental, la Unión Soviética, Cuba y pare de contar: que el socialismo no funciona.











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