03.09.04

¿Es el monopolio una tendencia inevitable del mercado?

por Larry Nieves Correo electrónico  1110 palabras, 2351 vistas

Uno de los argumentos más utilizados a favor de la existencia del
Estado es la supuesta tendencia natural de los mercados a desarrollar
monopolios y por lo tanto a concentrar la riqueza -y con la riqueza el
poder- en unas pocas manos. Por lo tanto, sigue el argumento,
necesitamos de un Estado independiente de los poderes económicos que
contrarreste dicha tendencia y establezca reglas justas en la
competencia. A parte del error lógico en el razonamiento, según el
cual necesitamos una agencia monopolística (el Estado) para
contrarrestar a otras supuestas agencias monopolísticas (las
Corporaciones), es necesario dilucidar si la suposición que sirve de
base al argumento, que el mercado naturalmente desarrolla monopolios,
es cierta en las condiciones existentes cuando el Estado se abstiene
de intervenir en el mismo.

¿Qué es el mercado?

En primer lugar debemos definir claramente qué entendemos por
"mercado libre", una noción que frecuentemente es mal interpretada o
distorsionada por sus propios críticos. El mercado libre es la
confluencia de acciones de todos los individuos que forman parte del
tejido social, en sus facetas como productores y consumidores, es
decir, es la resultante de las decisiones que tomamos a diario, cada
vez que compramos, vendemos o nos abstenemos de participar (la
abstención también es una acción, precedida obligatoriamente por una
desición consciente). En el mercado libre todas las interacciones son
voluntarias, ya que no hay forma de obligar a alguien a comprar o
vender o a abstenerse de tales cosas, excepto a través el uso de la
violencia. Pero la violencia está vedada en el mercado y éste mismo es
capaz de proveer mecanismos para hacer cumplir dicha prohibición. En
el mercado libre sólo hay una forma de obtener riqueza: satisfaciendo
las necesidades de los consumidores de la mejor y más barata manera
posible.

¿Qué es un monopolio?

Un monopolio se establece cuando un productor controla de manera
absoluta los recursos necesarios para la producción de un cierto bien.
En consecuencia cualquier consumidor que requira dicho bien no tiene
otra opción, sino acudir al monopolista, quien además puede cargarle
cualquier precio (dentro de ciertos límites claro está). De manera que
el establecimiento de un monopolio es perjudicial para los
consumidores doblemente: por un lado limita las opciones disponibles y
por otro lado pone en movimiento una tendencia al aumento de los
precios y la caída de la calidad. En el caso en que no uno sino varios
productores controlan los recursos y se ponen de acuerdo para no
competir entre ellos, estamos ante un oligopolio o un cartel (por
ejemplo en Venezuela los canales de TV privados realmente no compiten
entre sí).

¿Produce el mercado monopolios naturalmente?

Para que surja entonces un monopolio es necesario que el productor
controle el recurso o materia prima necesario en la fabricación del
bien en cuestión. Ahora bien, esta condición no es suficiente, ya que
es posible que tal materi prima pueda ser sustituída por otra cuyo
control no es mantenido por el potencial monopolista. Por ejemplo, un
fabricante de zapatos podría tener el control absoluto del suministro
de cuero, pero este puede ser substituido por materiales sintéticos
generados por otros productores. Suponiendo que las materias primas
objeto de control monopólico son insubstituibles y que el
productor las controla absolutamente, este aún no tiene
garantía de que podrá cargar precios monopólicos (por encima del
precio de mercado) a sus clientes. Para ello es necesario que los
consumidores se "hagan la vista gorda" ante el aumento de precios y
mantengan la demanda en tal nivel que el monopolista todavía es capaz
de obtener ganancias, a pesar de la disminución en las ventas. Un
escritor, por ejemplo, tiene el monopolio de sus libro (por aquello de
los derechos de autor) y sin embargo es posible que no pueda vender ni
uno solo, sin importar cuan barato lo ofrezca.

Ahora bien, excepto por condiciones extremadamente inusuales, la
única forma que tiene un productor para controlar la oferta de una
determinada materia prima es eliminando a la competencia, tanto la
actual, como la potencial. Si momentáneamente determinado productor se
hace de una posición monopolística y es capaz de cargar mayores
precios por sus bienes, ese mismo aumento de precios causa mejores
prospectos de ganancias para otros productores, los cuales tenderán a
desviar capital hacia el sector monopolísitico de la producción,
causando a su vez un aumento de la oferta y una consecuente caida de
los precios. Es por esta simple razón, que los productores y
empresarios se encuentran siempre en búsqueda de ganancias, que la
emergencia de precios monopolísticos no es una tendencia natural del
mercado.

Y la única forma que tiene el potencial monopolista de eliminar la
competencia es recurrir a la violencia, directa o indirecta para
prevenir la entrada de nuevos jugadores al campo de juego. Desde luego
que rara vez un productor recurre a la violencia física directa (o a
la amenaza de ella) para prevenir la competencia. Es mucho más fácil
conseguir el favor de los políticos a cargo del gobierno y
convencerlos de prohibir por ley la entrada de nueva competencia, o el
establecimiento de precios mínimos, o la imposición de aranceles de
importanción para prevenir la entrada de productos extranjeros. En
cualquiera de estos casos, los que salen perjudicados son los
consumidores, quienes se ven obligados a pagar precios más altos y
a ver reducidas sus opciones disponibles, en favor de productores
parasíticos atemorizados de la competencia.

Conclusión

Un monopolio es el control por parte de uno o varios productores de
la oferta de materias primas esenciales en la fabricación de ciertos
bienes de consumo. Dicho control no implica necesariamente la
aparición de precios monopolísticos, ya que el consumidor aún puede
negarse a patrocinar a dichos productores, recurriendo a bienes de
consumo alternativos. En conclusión en el mercado libre la emergencia
de monopolios no es un fenómeno inevitable, ni que requiera la
intervención del Estado para corregirlo. Muy por el contrario, es el
Estado -una institución monopolística en sí misma- quien representa
una amenaza para los consumidores, debido a su tendencia a favorecer
los intereses particulares de productores bien conectados con la élite
política gobernante.

Para lecturas más extensas sobre el tema del monopolio y la
competencia desde una perspectiva austríaca, consulta la Guía de Estudio
Austríaca:
Competition,
Monopoly and the firm


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2 Referencias

Sobre la imposibilidad de monopolios en el mercado libre
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