10.09.04
Los tiempos cambian, los principios no
por Larry Nieves
2249 palabras, 669 vistas
Un libertario nunca debe cansarse de decir "te lo dije". Tampoco es
que haya una escasez de oportunidades para hacerlo. Antes del 11 de
septiembre, por ejemplo, fueron los libertarios quienes advirtieron
que las sanciones contra Irak impuestas en 1990 y el intervencionismo
más amplio en el Medio Oriente inspiraría más terrorismo. Los
libertarios también advirtieron que las regulaciones de la FAA no
estaban realmente haciendo más seguras a las aerolíneas. Además los
libertarios vieron que cientos de millardos gastados en "defensa" e
"inteligencia" no proporcionaban ni una cosa, ni la otra.
Entonces vino el 11 de septiembre, dos años atrás, un gran momento
de "Yo te lo dije" para los libertarios. Los secuestradores, hirviendo
en odio por la política estadounidense en la región del Golfo Pérsico,
explotaron un sistema regulado por la FAA, lleno de recovecos para
chicos malos, para estrellarse contra uno de los principales centros
financieros, y el gobierno de los Estados Unidos, a pesar de todo el
despilfarro y de las promesas, fue incapaz de detenerlos.
Y aún así, en este mundo de cabeza, el gran mensaje después del 11S
no fue que los métodos del gobierno nos habían fallado. Más bien lo
contrario. Se nos dijo que el gobierno nos iba a salvar. Fue más bien
el libertarianismo el que había fallado.
¿Recuerdan? Hillary Clinton, siempre explotando el momento
político, dijo refiriéndose a los esfuerzos por superar tan trágico
día: «vimos al gobierno en acción... Fueron los
funcionarios electos los que lideraron y consolaron.» Esa es
una extraña forma de describir como corrieron por sus vidas, antes de
tomar el poder en sus búnkeres burocráticos.
El Vicepresidente Dick Cheney dijo:
«una de las cosas que ha cambiado mucho desde el 11
de septiembre es la medida en que la gente efectivamente confía en
su gobierno, un gran cambio, la forma en que lo valora y las mayores
expectativas que tiene respecto a lo que podemos hacer.» ¡El
triunfo de la esperanza sobre la experiencia!
George Will escribió
que: «El 11 de septiembre le recordó a la fuerza a
los estadounidenses que su estado-nación ... es la fuente de su
seguridad... Los eventos desde el 11 de septiembre han enfatizado
los límites del libertarianismo.» Aquí, él está hablando del
mismo estado-nación que se apartó y no hizo nada mientras 19 tipos
con cuchillos derribaron las torres gemelas.
Francis Fukuyama se unió para proclamar
la caída de los libertarios: el 11 de septiembre
«fue un recordatorio para los estadounidenses de por qué el
gobierno existe y por qué tiene que colectar impuestos de los
ciudadanos y gastar dinero para promover los intereses colectivos.
Fue sólo el gobierno, y no el mercado o los individuos, en quien se
pudo depender para que enviara bomberos a los edificios, o para
luchar contra los terroristas, o para registrar a los pasajeros en
los aeropuertos.»
Albert Hunt, del Wall Street
Journal tipificó este género de comentarios: «Es tiempo de
declarar una moratoria de ataques al gobierno», escribió.
«Por un cuarto de siglo, la cultura pública dominante ha
sugerido que el gobierno es más un problema que una solución...
Pero, al igual que durante catástrofes anteriores, los Estados
Unidos se vuelve hacia el gobierno en tiempos de crisis... En el
futuro inmediato el gobierno federal va a invertir y a gastar más,
va a regular más y a ejercer un mayor control sobre nuestras
vidas... Escucharemos mucho menos sobre las glorias de la
privatización en áreas como la seguridad aeroportuaria... Los
funcionarios del alto gobierno de Bush tendrán que cambiar
radicalmente sus opiniones respecto a las regulaciones... Más aún,
se le debe proporcionar a la nueva Oficina de Seguridad Nacional más
autoridad muscular... Son inevitables medidas de seguridad más
fuertes a nivel nacional... Pero no hay realmente un debate sobre la
expansión [del gobierno] en general, el 11S ha subrayado el rol
central del gobierno en nuestras vidas.»
Y así fue a lo largo del espectro político. La idea era que los
eventos de aquel día de alguna forma habían invalidado todos nuestros
eslóganes sobre reducir al gobierno, privatización, libertad personal,
mercados y paz. Claramente, dijeron, fue el exceso de libertad lo que
nos llevó a este desastre. Fueron los recortes al gobierno y la
demasiado poca beligerancia externa que lo provocaron, mientras que el
sector público, desde los bomberos de Nueva York hasta los jefes
militares que juraron venganza en el extranjero, fue quien nos
salvó.
Muchos libertarios suaves lo creyeron también, con los del género
"Washington DC" registrándose rápidamente para las guerras que
vinieron, mientras proclamaban débilmente precauciones en cuanto a ir
demasiado lejos en la reducción de nuestras libertades. David
Boaz inclusive intentó darle esta connotación a la mayor
explosión de poder gubernamnetal en medio siglo: «El crecido
apoyo hacia el gobierno federal tiene sentido. Finalmente el
gobierno se concentra en su principal propósito: la protección de
las vidas y propiedades de los estadounidenses. La gente que había
perdido la confianza en los intentos gubernamentales de manejar los
trenes, repartir el correo, o de proporcionar cualquier cosa entre
la tierra y el cielo, no pueden estar más que complacidos al ver al
gobierno concentrado en proteger los derechos
individuales»
O quizás no lo creyeron realmente, pero sintieron suficiente calor,
que decidieron hacer pública su suprema lealtad al estado central,
denuncando las versiones "extremas" del libertarianismo. Le aseguraron
a todo el mundo que el libertarianismo no está contra el gobierno en
sí, sino en contra del gobierno malo y abusivo.
Al resto de nosotros se nos dijo que encubriéramos nuestras tontas
preocupaciones sobre enredos exteriores, privatización aeroportuaria y
pare usted de contar. Se nos dijo, sobre todo, que detuviéramos
nuestras amplias qujas sobre el gobierno y todas sus manifestaciones.
Se dijo que el 11S había destruido al Rothbardianismo,
una palabra que todavía pone nervioso a cualquier conocedor que esté
en la nómina pública
¿Por qué no nos callamos? Porque la crítica libertaria hacia el
gobierno no depende, ni tiene ataduras de lugar y tiempo, no es una
crítica que pueda ser abandonada cuando el momento pareciera sugerir
la necesidad de la acción gubernamental. La crítica libertaria del
gobierno es fundacional. Dice que en cualquier momento y lugar el
poder coercitivo del estado viola derechos y que este violador
compulsivo de derechos o puede ni debe ser encargado de cuidar
nuestra seguridad.
Además, a que el gobierno opera fuera de las matrices del comercio
y de la propiedad de la sociedad, carece de los incentivos y de los
medios para llevar a cabo eficientemente la prestación de cualquier
servicio y la producción de cualquier bien. Finalmente, la crítica
libertaria alerta en contra del otorgamiento de poderes soberanos a
nadie, pues un vez dados, o pueden ser contenidos y serán
abusados.
Ahora bien, estás aserciones pueden sorprender a mucha gente por
absolutistas y extremas. Bueno, digamos que cambiamos cada frase con
la condición: "en condiciones normales". Entonces, La libertad es
grandiosa en condiciones normales; los derechos de propiedad
funcionan mejor en condiciones normales; el mercado libre abastece a
la sociedad en condiciones normales; el gobierno es despilfarrador y
peligroso, excepto cuando hay una emergencia.
¿Qué clase de estructura de incentivos establece una condición como
esta en la élite gobernante? Dado que ningún gobierno es liberal por
naturaleza (como dice Mises), la condición de emergencia le da al
gobierno un plan de acción para arrebatar libertad y acumular poder de
manera eficientísima. Inmediatamente después de los ataques del 11S,
se hizo claro que esta era la forma en que DC veía la tragedia. La
élite política y el gobierno permanente vio la tragedia como la mejor
oportunidad de intimidar a la gente para que rindiera sus derechos,
propiedades y libertad a cambio de una promesa de seguridad -una
seguridad que observadores sofisticados sabían que no sería ni podía
ser provista.
Y aún así, en esos oscuros días, nuestras
voces estuvieron en la minoría, especialmente cuando advertíamos
de los peligros de la guerra. El Estado vengador había sido desatado y
estaba buscando sangre dondequiera que la pudiera encontrar. Las
guerras comenzaron en Afganistán e Irak, llevándonos a niveles
intolerables de destrucción de vidas y propiedades. Ambos países se
encuentran ahora en el caos político, prisioneros por un lado de una
ley marcial impuesta por potencias extranjeras, y por el otro por la
amenaza de la toma del poder de los fundamentalistas religiosos. La
simpatía que los EE.UU. había recibido de Europa, Asia y América
Latina de después del 11S se transformó rápidamente en odio hacia
nuestra élite política, y todavía hoy persiste.
El gobierno de los EE.UU. no se detuvo en las guerras, violó las
libertades civiles de sus ciudadanos y estableció enormes burocracias
nuevas. Pisoteó los derechos de los estados y las localidades.
Convirtió el volar en una operación masiva de policía y comenzó una
serie de campañas proteccionistas.
La administración Bush disparó el presupuesto y endilgó al país con
el déficit más grande de la historia. El congreso y la presidencia se
dedicaron a un intercambio evidente de favores mediante el cual los
militaristas le dieron a los estatistas lo que estos quieren, a cambio
de lo cual los estatistas le dieron a los militaristas lo que estos
ultimos quieren. El resto de nosotros vimos como se evaporaba la
libertad. Hicimos lo que pudimos, en nuestros escritos y consejos
públicos, pero la ola del gobierno era demasiado grande para ser
contenida.
Dos años más tarde los temas de la prensa nonos hablan de los
éxitos del gobierno, todos los titulares hablan de fracasos. El
público estadounidense espera más terrorismo, no menos. Nos sentimos
menos, no más seguros. Increíblemente Bin Laden, a quien la
administración Bush culpa por el 11S, todavía anda suelto. Los EE.UU.
tienen más enemigos que nunca. No nos ilusionemos: el pueblo que los
EE.UU. "liberaron" en Irak y Afganistán nos desprecia y nos quiere
fuera. Los EE.UU. no pueden si quiera proporcionar agua y
electricidad a la gente en Irak.
Al gobierno se le dio el control de las cosas después del 11S y
¿qué obtuvimos a cambio? Guerras, burocracia, deuda, despotismo,
inseguridad y un montón de confusas advertencias en colores de
nuestros amos en Washington, que sólo parecen haber sido diseñadas
para mantenernos cada vez más dependientes. Sí, el gobierno se ha
comportado exactamente como el libertarianismo predijo que lo haría,
ha abusado de la confianza del pueblo estadounidense. Y sin embargo,
de alguna manera, al final el gobierno se ha beneficiado. Nosotros
perdimos, ellos ganaron.
Pero ese episodio está llegando a su final, o quizás ya llegó.
Mucha gente ha aceptado el fracaso miserable de la propuesta de
aumento de los impuestos en Alabama como un fenómeno localizado,
cuando en realidad señala la ruta de una tendencia nacional. No es
probable que Bush logre que le aprueben sus nuevas suspensiones de
libertades civiles. Los neoconservadores temen no tener suficiente
capital político para iniciar más guerras. La gente está harta con el
desastre en Irak. El tan alabado advenimiento del imperio global
estadounidense se encuentra bajo fuego, la propaganda pareciera no
seguir funcionando.
En la vida real que la mayoría de nosotros vivimos, el sector
privado está prosperando, la tecnología se hace mejor cada día gracias
a la empresa privada. Los mercados no dan la seguridad que requerimos,
ya sea a través de comunidades privadas, armas privadas, mejores
sistemas de alarma y guardias de seguridad privados; o a través de
mejores sistemas de distribución y verificación de información -de
nuevo, gracias a la empresa privada. La educación en el hogar sigue en
aumento. Al contrario de Hillary Clinton, todavía son nuestras
familias, amigos y sacerdotes, quienes nos proporcionan consuelo, no
nuestros líderes políticos, en quienes confiamos cada vez menos.
Los estadounidenses están volviendo a sus cabales y la teoría
libertaria de la sociedad y el gobierno está mostrando el camino. Los
tiempos cambian, pero los principios perdurables que nos ayudan a
entender e interpretar al mundo no. sigue siendo verdad ahora, como
antes, como en el futuro, saecula saeculorum, que el gobierno
no provee medios ni morales ni efectivos para resolver ningún problema
humano.
Tanto como Fukuyama estaba errado con el "fin de la historia", está
errado también en que el 11S significa "la caída del
libertarianismo". Tal vez miraremos atrás con las lecciones correctas
en la mente y veamos ese día como el último ¡viva! del estado-nación y
el comienzo de un renovado amor por la libertad y la paz, prosperidad
y seguridad que nos produce
Dirección para referencias de este mensaje
URL para Referencias (pinche con el botón derecho y copie la dirección del enlace)

10.09.04 18:55:34, 
